miércoles, 16 de febrero de 2011

La ciudad global — zona fronteriza

MATERIAL DE APOYO

Posiblemente el espacio crítico para estas transformaciones sea la ciudad global. Las ciudades globales son una especie de nueva zona fronteriza -tanto para el capital global como para los nuevos actores políticos informales. No sólo el nuevo capital global, sino también los inmigrantes que trabajan y luchan en estas ciudades emergen como actores críticos en hacer la historia contemporánea postcolonial. Es en ellas donde se juega esta historia postcolonial -no meramente en Asia, Latinoamérica o África, sino en Nueva York, París, Madrid, Londres y tantas otras grandes metrópolis del norte global.
En este proceso, la ciudad global se reconfigura como un espacio parcialmente desnacionalizado que permite tanto las políticas subnacionales como las transnacionales. En este proceso, a su vez, se reinventan el vivir y el narrar de la pertenencia política. Esta reinvención disloca lo político de las temáticas de la nacionalidad definida en sentido estrecho. Lo político se implanta y se reinventa a partir de un amplio espectro de intereses particulares -desde protestas contra la brutalidad policial y la gentrificación a políticas sexuales y la ocupación de casas (squatting) por anarquistas. Interpreto esto como un movimiento hacia algo de carácter similar a las prácticas ciudadanas que giran en torno al reclamo de derechos a la ciudad. Cuando la cuestión de los derechos gira en torno a la ciudad, los reclamos se vuelven concretos y permiten un registro más amplio de actores, incluso de aquellos sin poder. Estas prácticas no son exclusiva o necesariamente urbanas. Pero es especialmente en las grandes metrópolis donde vemos, simultáneamente, las desigualdades más extremas así como las condiciones que facilitan estas prácticas políticas en modos que serían imposibles en zonas rurales, ámbitos suburbanos y pueblos. En las ciudades globales, estas prácticas contienen asimismo la posibilidad de confrontar directamente las formas estratégicas del poder -un hecho significativo en un contexto donde el poder crecientemente se privatiza, globaliza y nos elude. Los actores críticos en estos ambientes densos son las grandes empresas globales, las minorías y los inmigrantes. Los tres funcionan como actores políticos informales.
La irrupción de actores políticos informales: inmigrantes y multinacionales
Hacer la historia postcolonial en las capitales de los viejos imperios conlleva transcender el estado-nación como contenedor de lo social y lo político. Este transcender abre posibilidades para una geografía política que conecta espacios subnacionales, con las ciudades como elementos clave. Son las empresas multinacionales y sus profesionales, pero también los inmigrantes y refugiados, los que a través de sus prácticas contribuyen a construir estas geografías interciudades. Parte de lo político en cada ciudad empieza a orientarse hacia una red inter-urbana que va más allá de cada ciudad (multi-sited network). Escasos actores contribuyen a constituir estas geografías como lo hace el ciudadano desnacionalizado, con predominio del inmigrante y el profesional transnacional de las firmas globales. La pregunta que surge es la posible formación de nuevos tipos de políticas que, si bien se encuentran localizadas en estas ciudades, se empiezan a vivir crecientemente como parte de redes globales -sean éstas regionales o transnacionales.
Tomando en cuenta que las grandes metrópolis concentran los sectores líderes del capital global y una parte creciente de los grupos más vulnerables -inmigrantes, gran cantidad de mujeres en posición de desventaja, gente de color generalmente y, en las megaciudades de los países en desarrollo, masas de indigentes-, esto nos indica que las ciudades se han convertido en un terreno estratégico para un conjunto importante de conflictos y contradicciones. También se puede pensar las ciudades como el espacio donde se materializan las contradicciones de la globalización del capital y donde se da la reinvención de ciertos componentes de lo político. Esta manera de pensar la ciudad nos permite recuperar toda una serie de presencias.
A pesar de que la ciudadanía tuvo su origen en las ciudades y éstas fueron importantes en su evolución, no creo que podamos simplemente leer estas condiciones actuales como un regreso a esa condición histórica. No es de esa historia que hoy surge el significado de la ciudad -como espacio generador de nuevas prácticas y actores políticos informales, o no aun formalizados. Tampoco el gobierno local de las ciudades tiene mucho que ver con esa historia de ciudadanía y democracia en la antiguedad y el medioevo Europeo. Surge más bien de lo que Henri Lefebvre señalaba con su noción de la ciudad como obra (oeuvre) -y de allí la importancia de ser agente o actor para hacer la historia. Mientras Lefebvre encontraba esta capacidad de hacer en la clase trabajadora de la París de mediados del siglo XX, yo la encuentro en dos actores estratégicos -el capital global y la inmigración- en las ciudades globales de hoy.
Lo que se va formando hoy en cuanto a prácticas ciudadanas en la ciudad global es muy diferente de lo que pudo haber sido en la ciudad medieval estudiada por Weber. En la ciudad medieval vemos un conjunto de prácticas que permiten a los burgueses construir sistemas para poseer y proteger la propiedad, así como para implementar diversas inmunidades contra todo tipo de déspotas.
En la actualidad, las prácticas ciudadanas tienen que ver con el hacer “presencia” por parte de aquellos que carecen de poder, incluyendo los indocumentados, y con políticas que reclaman derechos a la ciudad. Lo que comparten estas situaciones es la noción de que a través de estas prácticas a menudo informales se van constituyendo nuevas formalizaciones de pertenencia política. La ciudad es un lugar clave para este tipo de trabajo político que se constituye, a su vez, en parte a través de estas dinámicas. Luego de la larga fase histórica que vio el ascenso del estado-nación y el crecimiento de las dinámicas económicas a nivel nacional, la ciudad es una vez más la escala donde se materializan las dinámicas estratégicas, tanto económicas como políticas.
La ciudad global ha surgido como un lugar estratégico precisamente gracias a estas innovaciones y transformaciones en múltiples dominios institucionales. Factores claves de la globalización y digitalización económica se establecen en este tipo de ciudades y producen dislocaciones y desestabilizaciones de los órdenes institucionales y los marcos legales, regulatorios y narrativos vigentes para manejar las condiciones urbanas. Es justamente esta elevada concentración de nuevas dinámicas en estas ciudades lo que genera innovaciones y respuestas creativas. Se trata, muy probablemente, de un proceso que requiere cruzar un cierto umbral en cuanto a concentración y diversidad de condiciones.
La historicidad de este proceso se ve en el contraste con la ciudad durante la fase keynesiana. En esa fase, y especialmente dado el contrato fordista y la preeminencia de la manufactura de masa como dinámica económica regente, hacia mediados del siglo XX las ciudades habían perdido funciones estratégicas y dejaron de ser un espacio para innovaciones institucionales. Los sitios estratégicos del período fueron la gran fábrica con su proceso de manufactura en masa y mercados de consumo masivos, y el gobierno nacional como espacio institucional donde se desarrollaron los marcos regulatorios y se instituyó el contrato social fordista. Son la gran fábrica y el gobierno que emergen como los lugares estratégicos para la localización de dinámicas cruciales para la producción de innovaciones institucionales claves.
Es con la globalización y la digitalización -y la totalidad de elementos específicos que implican- que las ciudades globales emergen como sitios estratégicos. Si bien las transformaciones estratégicas se concentran fuertemente en las ciudades globales, se difunden y materializan también en ciudades más pequeñas o de nivel medio en las jerarquías urbanas nacionales. Lo que es más: en mi lectura, algunas instituciones específicas del Estado también se constituyen como espacios estratégicos en los procesos de globalización, no obstante la pérdida de autoridad por parte del Estado a través de la desregulación y la privatización.
La condiciones actuales de las metrópolis globales están creando no sólo nuevas estructuras de poder, sino también aperturas operacionales y retóricas para actores políticos invisibles o sin voz. La localización de componentes estratégicos de la globalización en estas ciudades es crucial en la generación de tales aperturas porque significa que aquellos con menos ventajas pueden encajar con los nuevos poderes de las empresas globales. Bajo estas condiciones, el creciente número y diversidad de personas en desventaja asume una “presencia” distintiva en estas ciudades. Para poner un ejemplo que capta esta participación política informal permitida por los complejos medio ambientes de las ciudades, estamos encontrando que las mujeres inmigrantes van emergiendo en el dominio público justamente a partir de sus responsabilidades en el hogar -no a partir de su mayor participación en el mercado del trabajo. Tener un puesto de trabajo ciertamente da estas mujeres una medida de autonomía en cuanto a su rol subordinado a los hombres en el hogar. Pero la extensión política informal que van adquiriendo estas mujeres inmigrantes surge a partir de su rol como madre y esposa en el hogar. Ha recibido mucha atención el hecho de que el empleo da a las mujeres inmigrantes mayor autonomía personal e independencia, mientras que los hombres inmigrantes pierden terreno comparado a la que solía ser su situación en sus culturas de origen. Las mujeres ganan más control sobre los presupuestos de la casa y otras decisiones domésticas, así como mayor influencia para pedir ayuda de los hombres en esos ámbitos. Pero es su responsabilidad de asegurar los servicios públicos y otros recursos públicos para sus familias lo que les da la oportunidad de emerger como actores políticos informales. Es su rol como madres y esposas lo que las hace el intermediario clave con el Estado en sus múltiples instancias locales: las escuelas, las clínicas de salud, la policía. Son las mujeres, típicamente, las que que median en estos procesos. Y son ellas, asimismo, las representantes del hogar en las comunidades inmigrantes o étnicas. Las mujeres inmigrantes son más activas que los hombres en la construcción de la comunidad y el activismo en favor de la misma, y se encuentran posicionadas de manera diferente a los hombres en cuanto a la economía y el Estado. Esto va contra la noción prevalente de la mujer como madre y ama de casa en un ámbito privado que no encaja en las categorías e indicadores utilizados para captar la « participación » formal en la vida política. SASKIA SASSEN

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